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Puesto central del antiguo Correo Neumático, Buenos Aires, Argentina

Foto do escritor: Fotografia e Nostalgia
Fotografia e Nostalgia
há 57 minutos
8 min de leitura

Puesto central del antiguo Correo Neumático, Buenos Aires, Argentina

Buenos Aires - Argentina

Fotografia


Texto 1:

Buenos Aires es una ciudad llena de historias enterradas, y muchas de ellas aún pueden encontrarse si se sabe dónde mirar. Bajo las calles del centro porteño, frente al imponente Palacio del Congreso, existe una escalera que lleva a un túnel en desuso. Se trata de la entrada a la estación central del correo neumático, un sistema de mensajería rápida que supo revolucionar las comunicaciones en la ciudad durante el siglo pasado.

Lo que hoy parece una estructura sin importancia, alguna vez fue parte de la historia sobre red subterránea que transportaba mensajes a gran velocidad. Aunque el sistema fue discontinuado hace más de 50 años, el acceso a la estación aún permanece en el mismo lugar, oculto tras una estructura de hierro y sin su cartel original.

¿Qué era y cómo funcionaba el correo neumático en Buenos Aires?

El correo neumático fue un sistema de mensajería que utilizaba tubos y aire comprimido para trasladar pequeños envíos a través de la ciudad. Fue inventado por el escocés William Murdoch a comienzos del siglo XIX y llegó a Buenos Aires varias décadas después, en 1934.

El sistema funcionaba con un circuito de tubos neumáticos en los que el aire empujaba y succionaba los envíos mediante bombas instaladas en cada extremo. Esto permitía que los mensajes viajaran a una velocidad de 12 metros por segundo, con una frecuencia de dos minutos entre cada envío.

En sus primeros días de funcionamiento en la ciudad, el correo neumático llegó a procesar más de 1.900 piezas diarias, una cifra que muestra su enorme impacto en la época.

Buenos Aires fue la primera ciudad de Sudamérica en contar con un servicio de correo neumático. Aunque la autorización para su instalación se otorgó en 1887, las obras enfrentaron numerosos obstáculos y recién se logró inaugurar el 13 de abril de 1934.

Uno de los principales desafíos fue la falta de túneles adecuados para colocar el sistema. La solución fue aprovechar el túnel de cargas del Ferrocarril Oeste, que había sido inaugurado en 1916 y aún existe en Puerto Madero. Además, se estableció que la estación central del sistema estaría ubicada bajo tierra, a metros del Congreso de la Nación.

Durante sus años de funcionamiento, la red alcanzó los 30 kilómetros de extensión y contaba con 14 estaciones distribuidas estratégicamente en la ciudad. Además, se instalaron 52 aparatos transmisores que eran utilizados principalmente por emisoras de radio y oficinas de correos.

A pesar de su éxito inicial, el correo neumático comenzó a quedar obsoleto con la llegada de nuevas tecnologías. El avance de la telefonía, la aparición del fax y el alto costo de mantenimiento del sistema llevaron a su cierre definitivo el 6 de noviembre de 1970.

Aunque el servicio desapareció, muchos de sus túneles y tuberías siguen existiendo bajo las calles porteñas, aunque en un estado deteriorado por el paso del tiempo. La entrada a la estación central, en particular, sigue en pie, aunque su historia es desconocida para la mayoría de los transeúntes que pasan por allí a diario. Trecho de texto do Clarín.

Texto 2:

Hoy, In­ter­net me­dian­te, en po­cos mi­nu­tos po­de­mos es­cu­char una par­ti­tura de Juan Sebas­tián Bach, con­sul­tar li­bros y do­cu­men­tos de una bi­blio­te­ca, vi­si­tar un mu­seo y tener no­ti­cias de lo que es­tá ocu­rrien­do en un si­tio re­mo­to. En se­gun­dos po­de­mos enviar, recibir o man­te­ner un diá­lo­go es­cri­to u oral, in­clu­yen­do imá­ge­nes fi­jas o mó­vi­les, a cual­quier pun­to del pla­ne­ta, des­de nues­tra ca­sa o la ca­lle. La in­for­má­ti­ca ya se im­pu­so so­bre los me­dios tra­di­cio­na­les que re­sul­ta­ron re­vo­lu­cio­na­rios en los si­glos XIX-XX y que an­tes de ini­ciar el si­glo XXI ya pa­sa­ron a ser an­ti­güe­da­des o pie­zas de mu­seo.

Bue­nos Ai­res, igual que los prin­ci­pa­les paí­ses eu­ro­peos y Es­ta­dos Uni­dos, tu­vo un importan­te co­rreo neu­má­ti­co que fun­cio­nó des­de me­dia­dos de la dé­ca­da del trein­ta has­ta fi­na­li­zar la del 70. Va­ya­mos al res­ca­te de su me­mo­ria.

¿Qué es un correo neumático y cómo funciona?

Se tra­ta de un dis­po­si­ti­vo que ac­túa, me­dian­te un sis­te­ma com­bi­na­do y al­ter­na­do de pre­sión y va­cío, den­tro de un tu­bo, y es uti­li­za­do pa­ra en­viar y re­ci­bir ob­je­tos ma­te­ria­les.

Ba­sa­do en el prin­ci­pio ae­ro­di­ná­mi­co de He­ber, se ge­ne­ra una co­rrien­te de ai­re en uno de los ex­tre­mos del ci­lin­dro (emi­sor); di­cha co­rrien­te de ai­re pre­sio­na co­mo un ém­bo­lo al ob­je­to (tor­pe­do) ajus­ta­do al tu­bo con­duc­tor. El ma­te­rial en­via­do, al lle­gar a la mi­tad del re­co­rri­do de­sea­do se de­tie­ne y, si­mul­tá­nea­men­te, po­ne de forma au­to­má­ti­ca­ en funcio­na­mien­to una bom­ba as­pi­ran­te ins­ta­la­da en el pun­to opues­to del ca­ño que provoca el va­cío y atrae a la car­ga has­ta el ex­tre­mo fi­nal del re­co­rri­do.

La ins­ta­la­ción siem­pre es de do­ble vía tu­bu­lar, re­cep­to­ra y trans­mi­so­ra.

Es­te sis­te­ma, to­da­vía se si­gue uti­li­zan­do en al­gu­nas em­pre­sas co­mer­cia­les, or­ga­nis­mos pú­bli­cos y na­ves de ul­tra­mar mer­can­tes y de gue­rra. Por su­pues­to que con una li­mi­ta­da uti­li­dad res­trin­gi­da al ám­bi­to del es­pa­cio ce­rra­do.

Llega el correo neumático a Buenos Aires:

En no­viem­bre de 1887,1 sien­do pre­si­den­te el Dr. Mi­guel Juá­rez Cel­man y vi­ce­pre­si­den­te Car­los Pe­lle­gri­ni, se san­cio­nó la Ley 2245 au­to­ri­zan­do la ins­ta­la­ción de un Co­rreo Neu­má­ti­co en la Ca­pi­tal Fe­de­ral. El 24 de no­viem­bre del mis­mo año se vo­ta en el Con­gre­so los fon­dos pa­ra su ins­ta­la­ción.

El 3 de ju­lio de 1888, el pre­si­den­te Juá­rez Cel­man sus­cri­bió el de­cre­to co­mi­sio­nan­do al In­ge­nie­ro Ot­to Krau­se: “(…) pa­ra que ba­jo la su­pe­rin­ten­den­cia de la Di­rec­ción Ge­ne­ral de Co­rreos y Te­lé­gra­fos prac­ti­que los es­tu­dios ne­ce­sa­rios y pre­sen­te el pro­yec­to y pla­nos de­fi­ni­ti­vo, con las es­pe­ci­fi­ca­cio­nes y me­mo­rias co­rres­pon­dien­tes, pa­ra ins­ta­lar de­bi­da­men­te el co­rreo neu­má­ti­co en la Ca­pi­tal (…).’’

El 25 de ju­lio del mis­mo año, el di­rec­tor ge­ne­ral de Co­rreos y Te­lé­gra­fos, Dr. Ra­món J. Cár­ca­no y el in­ge­nie­ro Ot­to Krau­se, fir­maron el con­ve­nio res­pec­ti­vo con un pla­zo de cin­co me­ses pa­ra cum­plir con la pre­sen­ta­ción del pro­yec­to y sus res­pec­ti­vos pla­nos.

El in­ge­nie­ro Krau­se cum­plió su com­pro­mi­so, en los tiem­pos pau­ta­dos, pa­ra con­cre­tar la ins­ta­la­ción del Co­rreo Neu­má­ti­co, aunque pro­ble­mas de ín­do­le téc­ni­co, po­lí­ti­co y bu­ro­crá­ti­co pos­ter­ga­ron la eje­cu­ción por más de cua­ren­ta años.

Uno de los fac­to­res téc­ni­cos con­sis­tió en la com­ple­ji­dad pa­ra la ins­ta­la­ción sub­te­rrá­nea de las tu­be­rías.

En 1912 co­men­za­ron las obras pa­ra ha­bi­li­tar el tú­nel de car­gas del Fe­rro­ca­rril Oes­te, que hoy to­da­vía cir­cu­la en­tre Puer­to Ma­de­ro has­ta la zo­na de la in­ter­sec­ción de la Ave­ni­da Díaz Vé­lez y Bul­nes. Di­cho tú­nel que­dó ha­bi­li­ta­do el 15 de fe­bre­ro de 1916.

Pos­te­rior­men­te se uti­li­za­ría es­ta mis­ma cons­truc­ción pa­ra ins­ta­lar los tu­bos del Co­rreo Neu­má­ti­co que per­ma­ne­cen aún.

Inauguración del Correo Neumático:

Fi­nal­men­te, el 13 de abril de 1934, ba­jo la pre­si­den­cia del ge­ne­ral Agus­tín P. Jus­to se inau­gu­ró el primer Co­rreo Neu­má­ti­co.

La­men­ta­ble­men­te, el in­ge­nie­ro Ot­to Krau­se, men­tor y en­tu­sias­ta del pro­yec­to ha­bía fa­lle­ci­do el 14 de fe­bre­ro de 1920, qui­zá pen­san­do que ja­más se rea­li­za­ría su sue­ño pro­gre­sis­ta.

Así el dia­rio La Na­ción del 10 de abril de 1934 des­ta­có un titular que decía: "Sera inaugurado el viernes parte del servicio de tuberias neumáticas de Correos y Telégrafos".

La Di­rec­ción Ge­ne­ral de Co­rreos y Te­lé­gra­fos inau­gu­ra­rá el vier­nes pró­xi­mo a las 9,45 una par­te de la red sub­te­rrá­nea de tu­bos neu­má­ti­cos pa­ra sus co­mu­ni­ca­cio­nes den­tro del ra­dio me­tro­po­li­ta­no y con la que esa de­pen­den­cia se pro­po­ne sim­pli­fi­car con­si­de­ra­ble­men­te al­gu­nos de los ser­vi­cios que le es­tá con­fia­dos en la ciu­dad.

El ac­to inau­gu­ral se cum­pli­rá en el pues­to nú­me­ro uno de la ma­lla de con­duc­tos, si­tua­do en la pla­za del Con­gre­so, ca­lle Ri­va­da­via a la al­tu­ra de Mon­te­vi­deo, con la pre­sen­cia de los al­tos je­fes de la re­par­ti­ción y de al­gu­nos in­vi­ta­dos. (…). Se tra­ta, por lo de­más, de un mo­der­no me­dio de co­mu­ni­ca­ción adop­ta­do por los paí­ses más ade­lan­ta­dos en ma­te­ria pos­tal y te­le­grá­fi­ca y que ha de pro­por­cio­nar tam­bién en­tre no­so­tros un evi­den­te be­ne­fi­cio pú­bli­co. (…).

El sistema que fun­cio­nó en Bue­nos Ai­res, era una ma­ra­vi­llo­sa obra con un re­co­rri­do – entre ida y vuel­ta – de 21 ki­ló­me­tros que con las des­via­cio­nes de los ra­ma­les al­can­za­ba los 60 ki­ló­me­tros, siem­pre te­nien­do en cuen­ta el do­ble via­je, es de­cir 30 ki­ló­me­tros de re­co­rri­do to­tal.

El me­ca­nis­mo, co­mo ya se se­ña­ló, con­sis­tía en la com­bi­na­da al­ter­na­ción au­to­má­ti­ca en­tre dos bom­bas neu­má­ti­cas. La pri­me­ra, de emi­sión, “em­pu­ja­ba” a un tor­pe­do ajus­ta­do al tu­bo, y en la mi­tad del tra­yec­to se de­sa­ce­le­ra­ba has­ta de­te­ner­se, y de in­me­dia­to en for­ma au­to­má­ti­ca co­men­za­ba a fun­cio­nar la bom­ba del ex­tre­mo re­cep­tor “as­pi­ran­do” la car­ga.

Ca­da tor­pe­do ci­lín­dri­co, de alu­mi­nio con ta­pa de cue­ro, in­cluía car­tas ex­pre­so y has­ta trein­ta te­le­gra­mas.

Unía el pa­la­cio cen­tral de Co­rreos y Te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes con los prin­ci­pa­les ra­dios de la Ca­pi­tal Fe­de­ral. El re­co­rri­do cons­ta­ba de 14 es­ta­cio­nes don­de fun­cio­na­ban 52 apa­ra­tos trans­mi­so­res e in­ter­me­dia­rios.

Ca­da ra­mal po­día tra­ba­jar en for­ma in­de­pen­dien­te. La ve­lo­ci­dad me­dia del tor­pe­do era de 12 me­tros por se­gun­do y po­día emi­tir­se con una fre­cuen­cia de dos mi­nu­tos.

En Pla­za Con­gre­so, don­de se rea­li­zó el ac­to inau­gu­ral, se en­con­tra­ba el pues­to re­trans­mi­sor Nº 1, cu­ya es­truc­tu­ra hoy se man­tie­ne pe­ro sin el car­tel que de­cía: "Correos y Telégrafos / Servicio Neumático".

Esa plan­ta ac­tua­ba de em­pal­me don­de se efec­tua­ba el des­vío a la su­cur­sal de­sea­da o a la Agen­cia Prin­ci­pal (A.P.). Des­de allí se pro­ce­día a la in­me­dia­ta dis­tri­bu­ción con des­ti­no fi­nal.

En los cin­co pri­me­ros días de fun­cio­na­mien­to del Co­rreo Neu­má­ti­co, el pro­me­dio de 1.304 pie­zas dia­rias au­men­tó a 1.424, es de­cir un in­cre­men­to de 120 uni­da­des lle­gan­do en oca­sio­nes a 1.905 pie­zas.

A pe­sar de la in­no­va­ción, la to­ta­li­dad de los usua­rios ha­bi­tua­les del co­rreo co­mún no uti­li­za­ban es­te ser­vi­cio con fre­cuen­cia, es­ta­ba más cir­cuns­cri­to a ope­ra­cio­nes co­mer­cia­les.

Más aún, en sus trein­ta y cua­tro años de fun­cio­na­mien­to mu­chos ciu­da­da­nos de Bue­nos Ai­res ig­no­ra­ron su exis­ten­cia.

Finalización del Correo Neumático:

El ver­ti­gi­no­so avan­ce tec­no­ló­gi­co, en­tre otras co­sas, la cre­cien­te au­to­ma­ti­za­ción de los te­lé­fo­nos en el Gran Bue­nos Ai­res, y el sis­te­ma de “an­ti­ci­pos te­le­fó­ni­cos” pa­ra los telegra­mas, hi­zo in­ne­ce­sa­rio el cos­to­so man­te­ni­mien­to de este servicio.

El 6 de no­viem­bre de 1970 – des­pués de 36 años de inau­gu­ra­do – de­jó de fun­cio­nar la red del Co­rreo Neu­má­ti­co de Bue­nos Ai­res.

Su vi­da fue efí­me­ra, aun­que lar­guí­si­ma pa­ra la ace­le­ra­da tec­no­lo­gía ac­tual don­de los equi­pos elec­tró­ni­cos en­ve­je­cen en un año o me­nos.

Ver hoy la en­tra­da al pues­to re­trans­mi­sor en Pla­za Con­gre­so, con su es­truc­tu­ra deteriora­da y sin el car­tel que os­ten­ta­ba su con­di­ción de Co­rreo Neu­má­ti­co, cau­sa cier­ta tris­te­za por­que qui­zá sea el úl­ti­mo su­pérs­ti­te tes­ti­go de otra épo­ca.

¿Dón­de que­dó el es­fuer­zo del in­g. Krau­se, del Dr. Cár­ca­no, del in­ten­den­te Ar­tu­ro Go­ye­ne­che y de tan­tos otros en­tu­sias­tas? En el ol­vi­do de unos y en el des­co­no­ci­mien­to de otros.

El te­lé­fo­no, el co­rreo elec­tró­ni­co e In­ter­net, su­plen con múl­ti­ples ven­ta­jas a es­te in­ge­nio­so sis­te­ma de co­mu­ni­ca­ción, que sin du­da mar­có un hi­to en la lu­cha de las co­mu­ni­ca­cio­nes por ven­cer dis­tan­cias y tiem­pos.

El Co­rreo Neu­má­ti­co hoy nos pa­re­ce in­ge­nuo y has­ta téc­ni­ca­men­te ar­te­sa­nal. Pe­ro ca­be una pre­gun­ta: ¿Los me­dios de hoy, ga­ran­ti­zan la ab­so­lu­ta pri­va­ci­dad y el se­cre­to de una co­mu­ni­ca­ción?

La res­pues­ta es se­gu­ra: No. To­do men­sa­je elec­tró­ni­co, por ca­ble o a tra­vés del es­pa­cio, pue­de ser in­ter­fe­ri­do sin co­no­ci­mien­to del emi­sor. Un tor­pe­do her­mé­ti­co, al me­nos duran­te el tra­yec­to, es in­vio­la­ble.

No se­ría ex­tra­ño que en tiem­pos fu­tu­ros, pa­ra co­mu­ni­ca­cio­nes don­de sea ne­ce­sa­ria la alta se­gu­ri­dad y el se­cre­to, se vuel­va al an­ti­guo Co­rreo Neu­má­ti­co.

La lu­cha por ven­cer al es­pa­cio y al tiem­po trae múl­ti­ples ven­ta­jas y, si­mul­tá­nea­men­te, com­pli­ca­cio­nes.

Los avan­ces téc­ni­cos pro­vo­can cam­bios so­cia­les y en las re­la­cio­nes hu­ma­nas, pa­ra bien o pa­ra mal. La tec­no­lo­gía ja­más es bue­na o ma­la, to­do de­pen­de del uso que se le dé.

Ca­be pre­gun­tar el ¿por qué? de ese afán hu­ma­no por lo­grar acor­tar dis­tan­cias y tiempos.

Qui­zá por­que to­do lo vi­vien­te es mo­vi­mien­to cons­tan­te y no­so­tros, los hom­bres, so­mos ma­te­ria en mo­vi­mien­to den­tro de la in­fi­ni­tud del es­pa­cio tiem­po. Pe­ro nues­tro psiquismo no se re­sig­na.

Acor­tar es­pa­cios y tiem­pos trae múl­ti­ples be­ne­fi­cios y tam­bién ayu­da a man­te­ner una ilu­sión, ca­da día más vir­tual, de que acor­tan­do dis­tan­cias y tiem­pos se alar­ga la vi­da.

Bien­ve­ni­do el pro­gre­so, pe­ro con con­cien­cia ple­na de que por mu­cho que se co­rra tras una qui­me­ra, el des­ti­no de to­dos los se­res hu­ma­nos es­tá sig­na­do por la fi­ni­tud de su vida.

Y es­ta me­ta, ine­xo­ra­ble pa­ra to­dos los hom­bres, es aje­na a los es­pe­jis­mos y no se pospone ja­más.

Con nos­tal­gia, pe­ro mi­ran­do ha­cia ade­lan­te, nos des­pe­di­mos de aquel histórico Co­rreo Neu­má­ti­co, que marcó una época en nuestras diarias comunicaciones. Trecho de texto de Otto Carlos Miller.

Nota do blog: Data 2024 / Crédito para Jaf.



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