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Imagens da Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, Argentina

Foto do escritor: Fotografia e Nostalgia
Fotografia e Nostalgia
há 3 dias
11 min de leitura

Imagens da Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, Argentina

Buenos Aires - Argentina

Fotografia


Texto 1:

Este edificio, que data de 1949, es el resultado de un concurso de anteproyectos adjudicado a los arquitectos Arturo Ochoa, Ismael Chiapore y Pedro Vivent. Está inspirado en el más puro estilo dórico, sin otra decoración que la que le presta su propia estructura monumental. Ocupa una superficie de 40.000 m2 que se distribuyen en planta baja, piso principal y dos pisos altos, y cuenta con un museo, una pinacoteca y una biblioteca especializada. En su interior, en el salón de actos, se destaca un óleo de grandes dimensiones del artista Antonio González Moreno, que describe la ceremonia de inauguración de la Universidad de Buenos Aires. La Facultad de Derecho fue fundada en 1821 por el Dr. Antonio Sáenz. Trecho de texto do GCBA.

Texto 2:

La Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, inaugurada en 1949, es uno de los edificios más emblemáticos del patrimonio académico y arquitectónico de la ciudad. Su diseño monumental de estilo neoclásico, obra de los arquitectos Arturo Ochoa, Ismael Chiappori y Pedro Vivent, se caracteriza por la imponente fachada con una extensa columnata que domina la Avenida Figueroa Alcorta.

El edificio fue concebido como sede para la formación jurídica en un período de expansión institucional de la UBA, proyectando una imagen de solidez y permanencia. Sus amplios espacios interiores, con aulas de gran capacidad, pasillos jerárquicos y salones de actos, refuerzan la escala monumental de la obra.

La organización espacial responde a un trazado claro y axial, donde el acceso principal conduce al hall central y distribuye hacia los distintos sectores académicos y administrativos. El uso de materiales nobles, como la piedra y el mármol, subraya la solemnidad del edificio y su vocación representativa.

Como hito urbano, la Facultad de Derecho no solo es un referente de la enseñanza universitaria, sino también un punto de encuentro ciudadano. Su arquitectura perdura como símbolo de tradición académica, pero también como parte del paisaje cultural y cívico de Buenos Aires. Texto da OHBA.

Texto 3:

1814-1874: En 1814 el Directorio aprobó la creación de la Academia de Jurisprudencia en la ciudad de Buenos Aires. Semejantes a las que funcionaban en Santiago y Charcas, abrió sus puertas en 1815, con la finalidad de formar a los futuros profesionales del Derecho en la práctica. Funcionó en unos locales ubicados sobre la calle Perú, en la llamada Manzana de las Luces.

La Academia, primera institución local de difusión de la enseñanza de la disciplina jurídica, se extendió durante gran parte del siglo XIX: sobrevivió a la caída del Directorio en 1820 y continuó funcionando hasta 1872.

La Universidad de Buenos Aires, fundada en 1821, contaba entre sus departamentos con el denominado Departamento de Jurisprudencia. En esa época, el título universitario no era habilitante por sí mismo, quien aprobaba las asignaturas previstas recibía un título académico que no le permitía desempeñarse activamente en la profesión y debía realizar tres años en la Academia para la habilitación profesional. El Departamento y la Academia de Jurisprudencia funcionaban como un doble sistema interdependiente de formación, entre teoría y praxis.

1874-1918: En 1873 se reunió la Convención Constituyente para darle forma a la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, en la que se estableció la división en unidades académicas y la implementación de un sistema de facultades para la UBA. Así, en marzo de 1874, surgió la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, que reemplazó al Departamento de Jurisprudencia. El primer decano de la nueva sede fue Manuel Quintana y durante esta década la Casa de Estudios se trasladó a un edificio en la calle Moreno 350. Los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX presenciaron un espíritu crítico y combativo por parte de numerosos alumnos y egresados respecto de la Facultad. Centraban sus protestas tanto en la organización de los cursos y programas como en la real eficiencia de aquella enseñanza. El 17 de junio de 1905 se creó el Centro de Estudiantes de Derecho.

1918-1943: El movimiento estudiantil iniciado en Córdoba en 1918 repercutió en todas las casas de estudio del país. En el ámbito de la Facultad de Derecho los reclamos fueron llevados a través de la intervención del decanato por parte de Estanislao Zeballos desde octubre de 1918. En el gobierno universitario se implementó la participación de profesores y alumnos y se fijó la asistencia libre a clase. El efecto de la intervención del sector estudiantil fue inmediato: en 1921 el reformista Mario Sáenz triunfó en las elecciones para el decanato. Se establecieron becas, seminarios, cursos nocturnos y se crearon la biblioteca circulante, la revista de la Facultad y el Instituto de Extensión Universitaria. Asimismo, el plan de estudios fue modernizado para adaptarlo mejor a las vicisitudes de la época. A dos años de iniciada la gestión de Sáenz, los sectores antirreformistas del proftrasesorado iniciaron una contraofensiva, que pretendía derribar todo lo vinculado con los avances recientes. Los hechos de violencia protagonizados por una minoría estudiantil de derecha llevaron a que Sáenz presentara su renuncia.

El 17 de noviembre de 1925 fue inaugurado el nuevo edificio de la Facultad de Derecho, situado en Las Heras y Azcuénaga. Poco después del golpe contra el presidente Hipólito Yrigoyen, el decano Alfredo Palacios renunció a su cargo. La década del 30 presenció una actividad estudiantil en la Facultad signada por permanentes enfrentamientos y desde el decanato se imponía una línea política volcada a las formas totalitarias de la época.

1943-1966: Antes de la asunción de la fórmula Perón-Quijano, el gobierno militar designó como interventor de la UBA a Oscar Ivanissevich y a la Facultad de Derecho fue destinado Ramón Alsina, quien continuaría en el cargo de decano hasta 1948. Es preciso recordar que en 1945 la agitación contra el gobierno militar había tenido en la Facultad uno de sus principales epicentros. En 1949 la Facultad se mudó hasta el predio de la Avenida Pte. Figueroa Alcorta 2263, en el que continúa ubicada en la actualidad.

Durante los primeros años de la intervención que tuvo a Alsina como principal autoridad, se instauró el sistema de becas y se implementaron los exámenes mensuales y el Plan de Estudios de 1953. Los profesores eran elegidos por el Poder Ejecutivo Nacional. Hasta el golpe de Estado de 1955, la situación en la Facultad de Derecho fue una réplica de lo que aconteció en la UBA en su conjunto: conflictos y tensiones constantes con el gobierno. Durante la denominada Revolución Libertadora, la institución fue un centro neurálgico del movimiento estudiantil que se sumó a las fuerzas que derrocaron al gobierno peronista.

En 1958 logró restablecerse la autonomía universitaria y se instauró finalmente el gobierno tripartito. De esta manera, los tres claustros –profesores, estudiantes y graduados– pasaron a componer el órgano que dirigiría la Facultad. En el plano de los estudios, el período que se extendió desde 1955 y 1966 fue uno de los más fructíferos de la historia de la Facultad. La institución adquirió un nivel académico que la colocó a la altura de las más prestigiosas del mundo.

1966-1983: En 1966 el golpe del general Onganía volvió a intervenir la UBA y sus facultades. A la Noche de los bastones largos le sucedieron las renuncias de varios docentes de la Facultad de Derecho y los estudiantes se levantaron en protesta. Hacia fines de la década de 1960 y principios de la siguiente se empezó a distinguir el accionar de una corriente mayoritariamente peronista dentro del estudiantado de la Facultad. En el corto período de gobierno de Juan Domingo Perón hasta su muerte y principalmente durante el período en el que María Estela Martínez de Perón asumió el ejercicio del Poder Ejecutivo, el feroz enfrentamiento dentro de la ideología oficialista repercutió en la Facultad, donde varios estudiantes perdieron la vida. La situación se complicó todavía más con el golpe de marzo de 1976, ya que las universidades, por primera vez, quedaron bajo autoridades militares.

1983-2016: Con el retorno de la democracia en 1983, el presidente Raúl Alfonsín procuró recuperar en el ámbito académico el clima anterior a 1966 y retornaron el pluralismo, la calma y la tolerancia a la Facultad de Derecho. Producto de la normalización, se incorporaron docentes de gran nivel académico y muchos de los concursos de profesores llevados a cabo durante la dictadura militar fueron anulados por las nuevas autoridades. Los aires de renovación llevaron a que se implantara, a mediados de la década, un Ciclo Básico Común en todas las carreras. A lo largo de la década de 1990 fueron frecuentes las protestas entre el alumnado contra la parcialidad del Poder Judicial y su manipulación por parte del gobierno. En 2010 fue elegida decana la profesora Mónica Pinto, primera mujer en ejercer este cargo, quien fue reelecta para el período 2014-2018. Texto da Facultad de Derecho Universidad de Buenos Aires.

Texto 4:

La historia de las ciudades y su impronta arquitectónica muchas veces se vuelve invisible ante el devenir cotidiano, esa marea de gentes que las atraviesan día a día, las usan hasta el cansancio de la vida laboral, las disfrutan a cuentagotas, las odian más de lo necesario y las vuelven a querer, solo de a ratos, para encontrar esos espacios de deleite urbano. Así sucede con esa parte de Buenos Aires, ahí donde las avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta parecen juntarse entre parques prolijamente distribuidos, el Museo de Bellas Artes, esculturas y árboles añejos: el rastro de una ciudad que, en esa porción, buscó siempre su parecido con Europa. Desde el puente peatonal curvado que cruza Figueroa Alcorta, la sede de la Facultad de Derecho –tan incorporada al paisaje que se volvió costumbre– se expande como un Partenón porteño, un edificio que (imaginado hoy) sonaría a un delirio de grandeza.

Sin embargo, a fines de la década del 30, la Argentina atravesaba un boom de la obra pública que exudaba nacionalismo, en una época de auge de los fascismos en Europa y del advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Varios de los edificios que componen el acervo del Estado en la Ciudad de Buenos Aires, y también en el resto del país, fueron pensados y construidos en esos años: solo sobre Plaza de Mayo, Hacienda, AFIP y el Banco Nación, entre otros.

Fue en ese contexto en el que arquitectos y urbanistas discutían los planes para modernizar las sedes de la Universidad de Buenos Aires. Un grupo, nucleado en la Sociedad Central de Arquitectos, pujaba fuertemente para que la Ciudad Universitaria (todavía inexistente por entonces) concentrara todas las sedes en un mismo predio, una tendencia que empezaba a vislumbrarse a nivel internacional. Otro grupo, vinculado a los urbanistas oficiales y funcionarios, quería intervenir la ciudad con la aparición repentina, imponente, de edificios que demostraran la potencia cultural, educativa, económica y política que (creían) tenía garantizada la Argentina. Así, en 1939, el rectorado y el decanato de Derecho obtuvieron el fruto de su lobby: lograron incorporar el artículo 5 de la Ley 12.578 para consignar el presupuesto de la construcción de la nueva sede y, de esta manera, abandonar el edificio sobre la avenida Las Heras, donde hoy funciona la Facultad de Ingeniería.

"Lo que encuentro en relación con la arquitectura de mediados de los años 30, por ejemplo, el Ministerio de Hacienda, es que son muy complejos en el interior. Es decir, había una intención neoclásica por fuera, pero por dentro había una cosa moderna. En Derecho, como el edificio está construido sobre filtros de obras sanitarias, en el subsuelo hay una megapileta, un gimnasio", explica Cecilia Durán, arquitecta e investigadora especializada en esa etapa.

En efecto, la obra fue diseñada por los arquitectos Arturo Ochoa, Ismael G. Chiappori y Pedro Mario Vinent, quienes resultaron ganadores de un concurso público, en 1939. La Sociedad Central de Arquitectos lo objetó: sostenía que los planos, el tenor y el estilo ya estaban acordados antes de su aprobación, según se indica en el libro Historia urbana y arquitectónica de la Universidad de Buenos Aires, de Mario Sabugo, Horacio Caride, entre otros investigadores. Dos años después de asignado el proyecto, las obras se pusieron en marcha y, en 1949, con la presencia del presidente Juan Domingo Perón, la nueva sede de la Facultad de Derecho fue inaugurada, aunque la obra se completaría en su totalidad recién en 1960. De los tres arquitectos, solo Chiappori llegó a verla terminada.

Inscripto en la tradición monumentalista, las columnas de estilo dórico, el tipo de materiales utilizados, todo conformaba un tufillo que evocaba a la arquitectura fascista, especialmente de tradición alemana. "La historiografía de la arquitectura, monolíticamente afiliada al Movimiento Moderno, lo condenó sin atenuantes", señalan Sabugo y cía, quienes citan a Fabio Grementieri y Claudia Schmidt: "La nueva sede ostenta, en cambio, un clasicismo masivo y arcaizante, a la manera de los edificios públicos alemanes contemporáneos, sustentados por masas de hormigón manejadas más como obra de mampostería romana que como esqueletos de soporte. La relación con los proyectos concebidos para Berlín por Albert Speer (considerado el arquitecto de Hitler) es evidente en la articulación de volúmenes encastrados de los exteriores y en las imponentes matrices geométricas de los espacios interiores".

Esta identificación con el peronismo y un supuesto vínculo con el nazismo, cruzado por la simultaneidad en su inauguración, le han valido al edificio una serie de malentendidos, apunta Durán, que además resultaron una complicación para trazar seriamente una historia de la arquitectura legada por el justicialismo. De hecho, historiadores como Tulio Halperín Donghi utilizaron la sede de Derecho como un ejemplo de la pretensión "imperial" de Juan Domingo Perón. "Es muy usual que se haga esa lectura simplista de ese proceso histórico, donde además había muchas líneas arquitectónicas; no todas eran neoclásicas, también había pintoresquismo, modernismo, etcétera", agrega Durán.

La vida y la historia de la Facultad fueron, y siguen siendo, muy prolíficas. De allí se gradúan unos 2000 abogados por año y circulan más de 30.000 estudiantes por ciclo lectivo en sus aulas distribuidas en 40.000 m2. La imponente escalinata que termina en las 14 columnas dóricas (sobre las que ronda un maleficio que augura un fracaso universitario a quienes se atreven a contarlas) es la antesala del lobby, que desemboca en el salón de actos: un amplio auditorio para 1200 personas, custodiado por una enorme pintura de Antonio González Morenoque había sido encargada por el ministro de Justicia Jorge Coll y que representa (sin metáfora) el rol de la Universidad en la formación de la clase dirigente argentina.

A pesar del caudal de alumnos, adentro reverbera un eco a hospital; de lejos se escucha algún taco que atraviesa las luces oblicuas del sol colándose por las ventanas con orientación al Río de La Plata, que, desde las aulas del último piso, llega a verse con nitidez.

La fachada luce vacía, casi sin vida. Creer o reventar: solo los alumnos escépticos del conjuro mitológico académico utilizan las escalinatas del frente para ingresar a la Facultad; la mayoría lo hace desde uno de los laterales, lindero al moderno Centro de Exposiciones. Dicen que esa entrada es el inicio del fin de la cursada por anticipado. No es casualidad que la escalera permanezca prácticamente libre de los restos de huevos, harinas y otras cosas que se les tiran a los recién egresados.

En Derecho, hay dos obras de Benito Quinquela Martín (una de ellas, de cabecera de la pileta) y dos esculturas monumentales (una representa al alumno, la otra al profesor) talladas en mármol de Carrara por los artistas Roberto Capurro y Carlos de la Cárcova. "Eso era algo típico de la arquitectura de esa época; se contrataban artistas para decorar los interiores y, además, se construía con materiales muy nobles y se tendía a utilizar materiales nacionales porque era parte del discurso nacionalista", amplía Durán.

Sobre el ala izquierda, el granito se convierte en madera a la entrada del decanato. La pared del pasillo, pintada de caoba oscuro, como antesala de un salón plagado de boiserie depurada, abstracta, sin ornamentos, sillones y silencio academicista: apenas un grupete de alumnos que esperan su turno para presentar sus trabajos.

Más allá, el consejo directivo y la sala de profesores con una gran chimenea. En el ala derecha, un anfiteatro de planta alargada, que hace espejo con un patio lateral, y una biblioteca de 500 asientos, donde reina un murmullo casi inaudible.

Durán analiza esa disposición como un interés marcado por "pensar" lo público en su funcionalidad, incluso como servicio. "Al momento de pensar la Facultad, no se fijaron solo en la ubicación de las aulas, sino también en qué cosas se le iba a ofrecer al alumnado, como la pileta, el gimnasio y confiterías", enfatiza.

Para Sabugo y cía, la pelea por la interpretación ideológica del edificio impedía ver sus cualidades modernistas: "De un modo u otro, subsistía la omisión de las capacidades de los edificios para cumplir sus funciones". Una forma de ceguera, quizá más profunda que la que –día a día– nos aleja de la contemplación de estas obras arquitectónicas que marcaron, y marcarán, el destino de millones de personas. Texto de Franco Spinetta.

Localizada na Avenida Presidente Figueroa Alcorta 2263.

Nota do blog: Data 2024 / Crédito para Jaf.


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